Vía Crucis de los pobres – Viernes Santo

Vía Crucis de los pobres – Viernes Santo

ORACIÓN A LA SOLEDAD DE NUESTRA SEÑORA

SOLEDAD
Oh Gloriosísima Soledad de Nuestra Señora, afligidísima Madre de
Jesucristo , nuestro Dios y Salvador, que al pie de su Cruz, después de ver
y sentir sus sufrimientos, recibiste en tus virginales brazos su lacerado
Cuero ya difunto y quedaste desamparada y en la más triste soledad; no sé
cómo decirte cuanto fervor sentimos hacia Ti, cuanto necesitamos que estés
junto a nosotros, por ello te alabamos y te damos nuestro amor con la voz y
con el alma, y te ofrezco mi corazón para que no estés sola en tu llanto.
Por la pena y dolor de tu Inmaculado Corazón, por la preciosa Sangre y las
Llagas de tu Hijo, te pedimos que no nos desampares, escucha Madre
amante nuestra sentida y humilde plegaria, de tu excelsa bondad esperamos
comprensión, y de tu ternura y tu santa mediación, calma en nosotros
nuestra aflicción.
¡Oh Soledad de Nuestra Señora!, defensora en los peligros, consuelo en la
adversidad, danos tu amor de Madre, refúgianos en tu regazo y pide por
nosotros a tu muy amado Hijo de Jesús, no nos dejes sufrir más, llénanos
de bendiciones, derrama sobre nosotros tu mirada bienhechora y consigue
que nuestra amargura se convierta en alegría.
Madre de paz y consuelo, ruega por nuestros pesares, Tu que eres el
precioso conducto por donde Dios nos manda sus favores y beneficio, y
quieres que no pasemos por más dolor del que podemos soportar, haz que
llegue a mí la solución a nuestros muy difíciles problemas, en espacial te
pedimos ayuda para remediar esta angustia que nos aflige en estos
momentos difíciles.
Oh Soledad de Nuestra Señora, oh Reina del dolor, oh hermosa y dulcísima
Virgen María, derrama sobre todos nosotros tu santo socorro, compadécete
de nosotros, haz posible lo que para nosotros es imposible, pues no hay
dolor por amargo que sea, no hay infortunio ni agobio por graves que sean,
a los que tu no tiendas tu gran auxilio para sanarlos y remediarlos.
Ruega a Jesucristo perdone nuestras faltas, nuestros errores y pecados,
ilumina nuestro entendimiento y fortalece nuestra fe, y no consientas que
olvide que Él por mí dio su vida.
Nosotros con nuestro arrepentimiento y buenos propósitos, queremos
participar de tus sufrimientos en la Pasión de Cristo, del inmenso dolor que
sentiste por la muerte de tu Hijo, que descendió de los Cielos para
rescatarme con su Sangre.
Oh clementísima Señora, ten misericordia de mí, dígnate soberana Madre
mía atender mis súplicas, en Dios y en Ti con toda nuestra fe esperamos.

VIA CRUCIS DE LOS POBRES

PRIMERA ESTACIÓN
Jesús en el Huerto de los Olivos.
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús Nazareno: Las angustias de la muerte se te adelantaron en tu oración
a solas con Dios tu Padre. Te estremecieron demasiadas incomprensiones
de propios y extraños, del pueblo llano y de todos los poderes confabulados
contra tu excepcional inocencia.
Mientras tus íntimos dormían, Tú vigilabas, disponible como siempre a la
voluntad de tu Padre hasta el final: Como en todo camino de tu misión
haciendo el bien a los pobres, enfermos y pecadores. Sudores de sangre te
costó tu fidelidad al amor de tu Padre y a la salvación nuestra.
Amante Jesús mío: Que tu Espíritu sostenga mi oración para no caer en la
tentación de abandonar mi misión a fin de evitar incomprensiones,
persecución y una muerte como la tuya.

PADRE NUESTRO

Las angustias y oraciones de la iglesia pobre…
…Inmumerables en todos los lugares y tiempos, continúan las de Jesús.
Mujeres y hombres, que optan por compartir con los pobres sus dolores y
esperanzas, siguiendo a su buen Maestro, comparten sus mismas
incomprensiones y amenazas de los poderes de turno y sus masas.
Pues sus vigilias de oración escondida, sus retiros solitarios, sus Eucaristías
domésticas, tan parecidas a la última Cena, no les ahorran terrores ni
lágrimas, pero les sostienen en la fidelidad a la voluntad de Dios, en la
exposición a desapariciones, torturas, asesinatos.
Señor nuestro: Ayúdanos a estimar y apoyar a tus discípulos que, por toda
la tierra, arriesgan su prestigio, sus bienes y su misma vida por causa de los
pobres, la causa de tu Reino.

SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús traicionado por Judas y arrestado.
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús Nazareno: La entrega de Judas inició la serie de tus entregas en
manos de los hombres, que corroboran cruelmente tu libre y amorosa
entrega en la primera Eucaristía de tu última Cena, como anunciaste:
“Nadie me quita la vida, yo la entrego libremente”.
El amor al dinero traicionó la mejor amistad de la historia humana, tu
amistad, regalada a Judas como a todos. Ningún beso limpiará nunca la
suciedad del amigo dinero, el dios que impide anunciar al Verdadero, tu
Padre, y servir su Reino a los Pobres.
Amante Jesús mío: Mi amigo fiel, que ninguna traición suicide mi fe, ni
mi vida, porque confío en Ti, que me las perdonas todas. Despégame del
dinero. Y entrega, Tú, mi vida a los pobres.

PADRE NUESTRO

La Iglesia pobre, traicionada
Ya traicionaron Ananías y Safira a la Iglesia pobre de Jerusalén en su
compartir con los pobres. Y la iglesia de Corinto, “ que no come la Cena
del Señor, cuando cada uno se adelanta a comer su propia cena humillando
a los pobres, y mientras uno pasa hambre el otro está borracho”.
Estas humillaciones, repetidas en todos los siglos, han hecho increíbles
para “los pobres de Cristo” (calificados así por San Juan de Dios) a muchas
comunidades cristianas y a sus celebraciones de la Eucaristía. Porque el
amor al “vil dinero” traiciona a Jesús en sus hermanos.
Señor nuestro: Que la oración del “Padre nuestro – el pan nuestro” sea
cada día más verdadera en los labios, el corazón y los hechos de cuantos te
celebramos como el Mesías de los pobres.

TERCERA ESTACIÓN
Jesús condenado a muerte por el Consejo Judío.
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús Nazareno: Te interrogan y declaran reo de muerte por blasfemia, por
abusar del nombre de Dios al declararte su Hijo. Tú, el único hombre de la
historia que ha nombrado a Dios sin falsearlo, con total pureza,
santificándolo siempre con la conducta y la palabra inmaculadas.
Prefirieron la servidumbre del mercado de su templo y sus monedas de
plata y oro. Y destruir el templo vivo de su cuerpo, en vez de seguirte para
adorar a Dios en espíritu y verdad, amarlo con todo el corazón y servir
gratuitamente a tus hermanos más pequeños, los pobres.
Amante Jesús mío: Te reconozco el Hijo de Dios vivo por hacernos hijos
amados de tu mismo Padre: Cuenta conmigo para compartir tu dignidad
divina con los condenados de la tierra.

PADRE NUESTRO

La Iglesia pobre, malinterpretada, juzgada y, a veces, condenada.
Lo hicieron con la primera Iglesia de Jerusalén, llevando a los apóstoles,
como a Jesús, al tribunal de Anás y Caifás, y prohibiéndoles hablar en su
Nombre. Pero el pueblo veía a los creyentes con mucho agrado por tener un
solo corazón y compartir los bienes con los pobres.
Cuánto se juzga a la “Iglesia de los pobres”, tildándola de todo, sin llamarla
cristiana, incluso evitando mencionar su nombre. Y mucho más, a la
“Iglesia pobre para los pobres”, como la quiere el papa Francisco, para
convertirla a su autenticidad y credibilidad evangélicas.
Señor nuestro: Te creemos tus discípulos para que nos hagas más
evangélicamente pobres. Sé, Tú, nuestra riqueza para compartirla con los
pobres, sin miedo a ser juzgados por los no pobres.

CUARTA ESTACIÓN
Jesús negado por Pedro.
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.

R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús Nazareno: Simón negó tres veces conocerte, se puso a echar
maldiciones y a jurar: No conozco a ese hombre. El mismo que te confesó
el Mesías, Hijo del Dios vivo, y Tú le reconociste el don de la fe dándole el
nombre de Piedra sobre la que asentar la fe de tu Iglesia.
Pedro te imaginaría mesías populista y triunfal. Y se avergonzó del Mesías
pobre, perseguido, condenado, sufriente. Jesús. Tú lo miraste y los ojos de
Pedro se derritieron en amargas lágrimas de arrepentimiento. Igual de
compasivo nos miras a todos cuando renegamos de ti.

Amante Jesús mío: Pedro, acogiendo tu perdón de Resucitado, por tres
veces te renovó su amor. Cada vez que yo, cobarde, te reniegue, tres veces
te repetiré: Tú lo sabes todo, tú sabes que te amo.

PADRE NUESTRO

Las negaciones y afirmaciones de tu Iglesia pobre
Tus pobres discípulos nos avergonzamos demasiadas veces de tus
discípulos pobres, que viven gozosamente las Bienaventuranzas de tu
Reino. Disimulamos ser de la misma Iglesia para que no nos identifiquen
con ellos y tener que compartir incomprensiones y juicios condenatorios.
Y cuando más falta les hacen amigos que avalen su vida evangélica, les
caemos en falta. Nos acobardan muchos miedos para identificarnos como
seguidores tuyos, cómplices honestos de quienes dan la cara por Ti,
dándola por tus hermanos más pobres e indefensos, más solos.

Señor nuestro: Perdónanos, hasta setenta veces siete, como enseñaste a
Pedro, siempre que reneguemos de Ti, negándonos a reconocerte en los
pobres y en quienes sirven a los pobres.

QUINTA ESTACIÓN
Jesús juzgado por Pilato.
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús Nazareno: Acusado ante el gobernador de amotinar al pueblo con
tus enseñanzas y de querer ser rey. Tropezaste con el político y fuiste
confundido como de otra política. Sin ninguna culpa, te reconoció Pilato,
aunque se lavara las manos como un irresponsable.
Tú viniste al mundo, no para ser rey de nadie, sino para sembrar con
sencillas palabras la semilla del Reino de Dios. El Reino que no es del
mundo de los emperadores de Roma, sino de la verdad de la vida que Dios
quiere para todos sus hijos, hermanados en su amor gratuito.
Amante Jesús mío: Reina en mí que soy pobre, pequeño y pecador.
Líbrame de intereses económicos, sociales y políticos, para “reinar” como
Tú, amando y sirviendo a los hermanos tuyos y míos.

PADRE NUESTRO

La Iglesia pobre, enjuiciada por todos los sistemas políticos.
Cuántos políticos se atreven a acusar a honrados servidores de los pobres
como “enemigos” de otra política y autorizan su eliminación de la aldea, o
de la ciudad; y, lo peor, del mapa de la vida. No encuentran delito en
quienes sirven a los pobres, simplemente que no les sirven a ellos.
Los discípulos del Cristo pobre no quieren ser reyes de nadie, es que no
tienen a nadie por dueño y señor. Sólo Jesús es su Señor. Y el pobre, su
representante directo. Si son confundidos como “otros políticos” y
perseguidos, es para que no los sigan como maestros de vida nueva.
Señor nuestro: Confundido como rey político y condenado a muerte de
cruz, queremos que reines en nosotros, porque tu Reino es vida, es justicia,
es amor, es reconciliación, es paz.

SEXTA ESTACIÓN
Jesús azotado y coronado de espinas.
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús Nazareno: Escarnecido por bofetadas y salivazos, agujereado por las
espinas, azotado por los cuatro costados, burlado como rey por las milicias

de un imperio esclavista. Repeluzno provoca tu rostro torturado, sin
atractivo para nuestros ojos, ávidos de belleza bien parecida.
Qué ciegos estamos para percibir la luz que refleja el sufrimiento terrible
del inocente. Tu rostro escupido y ensangrentado cuestiona nuestra buena
imagen y nuestra cruel indiferencia ante la inmensa variedad de torturas,
que se infligen en este degradado mundo nuestro.

Amante Jesús mío: Revélame tu divino rostro, escondido en toda víctima
de cualquier violencia, que degrada la condición humana. Defenderé su
dignidad divina, como la tuya.

PADRE NUESTRO

Las torturas físicas y psicológicas de la Iglesia pobre
Torturas indescriptibles siguen afeando rostros y abatiendo cuerpos de
innumerables mujeres y varones, objetos de burlas y bajo desprecios,
sujetos con dignidad siempre, pero sin sus derechos respetados, o
prisioneros de las razones, “sinrazones”, de Estado en todas las tiranías…
Maltratos, palizas, bofetadas, pistoletazos… a campesinos y obreros
pobres, a sus justos defensores, a cristianos laicos, monjas, curas,
obispos… por reclamar tierra techo y trabajo para vivir con dignidad, no
expropiados de su terreno de siempre, no baleados impunemente…

Señor nuestro: Coronarte con plata y oro no debe enorgullecernos si
pareces irreconocible para todos tus hermanos pobres, desfigurados por la
tortura del hambre, la injusticia, la violencia.

SEPTIMA ESTACIÓN
Jesús, cargado con la cruz
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús Nazareno: Por la calle de la amargura te cargaron con la deshonra de
la cruz, en la que arrebataría la vida, para escarcimiento de quienes se

atrevieran a seguirte como buen Maestro del Reino de Dios y su justicia,
encontrando en su manso corazón el alivio suave de todas sus cargas.
Como cualquier pobre condenado, cargas con el desprecio burlesco de la
turba de honorables y plebeyos que descargan sus frustraciones con el
sádico disfrute de seguir humillando más al ninguneado. Al contemplarte
me avergüenzan todos los oscuros puntos de honra.

Amante Jesús mío: Prefiero sufrir la injusticia en vez de cometerla,
compartir con honra tu deshonra y cargar con la parte de tu cruz que me
echen encima por parecerme a Ti.

PADRE NUESTRO

El escarnio público de la Iglesia pobre
Cuántas cruces de desprestigio, difamación, calumnias, injurias,
marginaciones… siguen sufriendo los pobres y quienes defienden sus justas
causas en todas las naciones del planeta. Se les echan encima todos los
“ismos”: extremismo, radicalismo, utopismo, “mesianismo”…
Somos tus discípulos pobres siempre que seamos solidarios con toda la
gente honrada, bien comprometida contra la persistencia de todas las cruces
injustas que lastiman los hombros de todos los oprimidos y descartados,
encargándonos solidariamente de su necesaria liberación.

Señor nuestro: Si, por ser como tú, perdemos credibilidad en la farsa de
este mundo, ayúdanos a ser de fiar para quienes se parecen a Ti y para los
desgraciados que nos necesitan contigo.

OCTAVA ESTACIÓN
Jesús ayudado por el Cireneo a llevar la cruz.
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús Nazareno: Cuando desfallecías con la cruz a cuestas, un inmigrante
africano que volvía de trabajar en el campo, Simón de Cirene (Libia), te

descargó del peso cargándose él. Fue tu buen samaritano, más obligado que
voluntario; pero te alivió eficazmente con su solidaridad.
Tus discípulos primeros nos conservaron la memoria del extranjero, con su
nombre propio, que socorrió a un sentenciado por la “justicia” judía y
romana. Ya empezó a participar de la nueva justicia de tu Reino pues, al
salpicarte tu ignominia, le tocó el don de tu redención.

Amante Jesús mío: Haz que te sienta mi cireneo, que me alivias el agobio
de cargar con la cruz que me pueda sobrevenir, cada día, por seguirte en el
camino del servicio de la entrega.

PADRE NUESTRO

La Iglesia pobre que alivia las cruces de los pobres.
Por las calles de los pueblos y ciudades siguen discurriendo la procesión
interminable, a cara descubierta y a la vista de los espectadores, de toda la
pobrería de la tierra: arrastrando la injusta cruz que le cargan los gestores
sin escrúpulos del imperio internacional del dinero.
Mujeres y varones, nacionales e inmigrantes, sobrecargados con la
explotación del trabajo, la precariedad, el paro, la marginación, la incultura,
la insalubridad, la violencia, el abandono y la indiferencia de gobernantes y
sus partidos, de conciudadanos y religiones falseadas.

Señor nuestro: Acompáñanos, con la fuerza de tu Espíritu Santo, para
aliviar a los auténticos nazarenos, cargados con las injusticias de las
estructuras de pecado que todos consentimos.

NOVENA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén.
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús Nazareno: Compadecido por las mujeres judías que se atrevieron a
hacer suya tu causa. Muchas, liberadas por ti de enfermedades y trastornos

mentales, se hicieron discípulas tuyas y te ayudaron con sus bienes, en tu
camino misionero predicando desde Galilea a Jerusalén.
Sus lágrimas se mezclaron con las tuyas y las de tu madre dolorosa. Sin
menospreciar su cariño, las invitaste a volcarlo más bien sobre sus hijos en
la flor de la vida, para que malogren sus vidas como leños secos, sino que
den frutos de justicia y paz en toda su lozanía.

Amante Jesús mío: Tú lloraste por Jerusalén por no acoger tu visita de
Mesías, Siervo pobre y Humilde, liberador no violento del pueblo, con
amor gratuito. Que mi llanto reproduzca el tuyo.

PADRE NUESTRO

Las mujeres violentadas de la Iglesia pobre
No son lastimeras, sino solidarias hasta el agotamiento, sobrellevando en
sus propias carnes la violencia que sufren sus esposos, hijos, parientes y
conocidos: cárceles, torturas, secuestros, asesinatos… por reclamar
corresponsablemente sus justos derechos para vivir con dignidad.
En todas las naciones, sobre todo en las empobrecidas, son las mujeres
quienes más cargan con la crisis: sus hambres, guerras, exilios y
migraciones forzosas, padeciendo toda clase de atropellos, hasta en lo más
íntimo. Y quienes mejor se entregan para lograr la supervivencia.

Señor nuestro: Si lloramos contigo por tantas oportunidades como se
desperdician para construir el mundo nuevo de tu Reino, que no dejemos de
entregarnos como tú, hasta el final.

DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es crucificado.
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús Nazareno: Por fidelidad al Reino de tu Padre te clavaron en la cruz
pies y manos: Tus pues de Mensajero de la paz, cansados de tantas

andanzas por los pueblos, buscando a las ovejas descarriadas… besados y
perfumados por el amor de la mujer agraciada con tu perdón.
Tus manos bienhechoras, que curaron enfermos, levantaron paralíticos,
limpiaron leprosos, dieron vista a ciegos, revivieron muertos, abrazaron
niños, partieron el pan para compartirlo y lavaron los pies de tus
discípulos… fueron atadas por manos de otros para deshacerse de Ti.

Amante Jesús mío: Crúzate conmigo, que atan pues y manos un montón
de infidelidades. Clava mis ojos fijos en Ti, desátame de mis pecados y
abrázame a tu Cuerpo ensangrentado.

PADRE NUESTRO

La Iglesia pobre de los pueblos crucificados
Continúa la Pasión del Salvador en los pueblos crucificados de toda la
tierra: En los perseguidos por buscar la justicia del Reino de Dios y liberar
de sus injustas cruces a todos los pobres. En los masacrados y mutilados de
las guerras, en sus millones de refugiados sin asilo, o con asilo.
En los encarcelados, torturados y asesinados por su fe en Cristo. O por
defender a los indefensos reclamando sus justos derechos humanos contra
la violencia inhumana que se los niega. En los sometidos a degradantes
condiciones inhumanas de vida, de muerte y de olvido.

Señor nuestro: Conviértenos a Ti: Para que no clavemos a nadie en
ninguna cruz. Y bajemos de la cruz a los clavados en algún suplicio,
compartiendo con ellos tu salvación de nuestra vida.

UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús promete su Reino al ladrón arrepentido.
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús Nazareno: Viniste al mundo a buscar y salvar a los pecadores. No te
avergonzaste de llamarlos hermanos. Vivías, comías y morías entre ellos.

Un compañero de torturas y de cruz, ajusticiado por los mismos jueces, se
confió a tu justo comprensión que perdona siempre.
El “buen” ladrón encontró en Ti lo nunca visto: La misericordia de Dios
mismo. Estaba contigo en cruz y estaría contigo en gloria, en el paraíso,
perdido y hallado en las manos de Dios, tu Padre: Que iba a recibir tu
espíritu, para ser Padre nuestro y recibir a todos con los brazos abiertos.

Amante Jesús mío: Perdona mi extravío y ten piedad de mí. Ahora, y en la
hora de mi muerte, sé mi compañero de penas y angustias hasta compartir
tu gloria con tu Padre misericordioso.

PADRE NUESTRO

La iglesia pobre, compañera de los condenados de la tierra
En los corredores de la muerte y en las correrías de la vida con sus
latrocinios y crímenes, encuentran su condena, tarde o temprano,
muchedumbre de pecadores que se pudren en cadenas perpetuas, prisiones
permanentes revisables, sillas eléctricas, horcas o paredones.
Son también innumerables los miembros de la Iglesia de Cristo, laicas,
laicos, monjas y sacerdotes, que se les acercan con su misma misericordia y
les dan compañía, consuelo y esperanza, compartiendo sus espinas y
cruces, sus llantos y amarguras en gratuidad total, signo de Salvación.

Señor nuestro: Danos tu Espíritu de piedad para acercar tu misericordia a
los malhechores y criminales y darles la misma oportunidad de perdón y
arrepentimiento que Tú a nosotros.

DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús en la cruz, su madre y el discípulo
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús Nazareno: Llegó tu hora suprema, la de pasar de este mundo al
Padre: Tú, tu madre y el discípulo, frutos logrados de la primera Alianza de

Dios con su pueblo, realizáis la Alianza Nueva y eterna de tus Bodas de
Sangre, las Bodas del Cordero de Dios con su Iglesia amada.
Dejaste a la humanidad tu mejor herencia, tu madre fiel y tu fiel discípulo.
Con la fe de ellos, nacemos por tu muerte a nueva vida, somos tu Iglesia, la
obra de tu amor. Nos reconocemos tus discípulos amados, rescatados para
Dios de todo pecado para ser miembros de tu Cuerpo.

Amante Jesús mío: Rescátame de mi indiferencia para corresponder a tu
amor con el amor de tu madre, la del mayor dolor y del mayor amor, como
una más de todos tus discípulos amados.

PADRE NUESTRO

La Iglesia de los discípulos pobres y amados
El vino nuevo de la Nueva Alianza, del desposorio de Cristo con su Iglesia,
no cabe en los odres viejos de costumbres pasajeras que se hacen leyes
inamovibles, de tradiciones humanas y rutinas religiosas. Por eso la Iglesia
ha de estar en permanente reforma para ser fiel a Jesús.
Y ser Iglesia pobre para evangelizar a los pobres, volviendo a hacer el
trasvase del vino nuevo del Evangelio de Jesús a odres nuevos de sencillez
y humildad, libreados de toda riqueza y su ostentación, despojados del
hombre viejo y revestidos del hombre nuevo, el Señor Jesucristo.

Señor nuestro: Que las comunidades de tus discípulos amados mantengan
tu herencia. Que tu madre María, madre de tu Iglesia y maestra de tu
Evangelio nos acompañe ahora y siempre.

DÉCIMO TERCERA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz.
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús Nazareno, Rey de los judíos: Crucificado por ofrecernos a los
pecadores el Reino de la Vida de tu Padre Dios. Hombre entre los hombres

y muerto entre los muertos, sin entender el porqué de tu abandono, el salmo
te valió para gritar, confiado, el bendito nombre: ¡Dios mío!
Los hombres solo pudieron certificar tu muerte. Pero Tú solo definías su
sentido con tu amorosa entrega a las buenas manos de tu Padre para quitar
el pecado del mundo: Como Cordero de Dios y Buen Pastor, das la vida por
la salvación de los hombres que Dios ama y quiere perdonar.

Amante Jesús mío: Con tu pasión, voluntariamente aceptada, me amaste y
te entregaste por mí. En tu fe quiero vivir hasta morir. ¡Señor mío, y Dios
mío!: De mi vida y de mi muerte.

PADRE NUESTRO

La Iglesia pobre da vida y da la vida como Jesús.
Cristo crucificado tiene sed de creyentes que lo sigan en comunidad de
discípulos, negándose a sí mismos para afirmar el bien de todos los pobres,
sus pequeños hermanos, sirviéndolos con su mismo amor. Ejemplo nos dio
para que hagamos nosotros lo mismo, desde el último lugar.
Cargando cada día con la misma cruz del descrédito de Jesús:
incomprensiones, burlas, acusaciones falsas, interrogatorios, amenazas,
persecución, cárcel, torturas, muerte violenta… por el Reino de Dios y su
justicia. Así lo atestiguan los inolvidables mártires de la Iglesia pobre.

Señor nuestro: En el mundo, la suerte de tus discípulos no puede ser mejor
que la tuya, nuestro Maestro. Pero nos garantizas que la victoria de tu cruz
será también nuestra. Nos fiamos de Ti.

DECIMO CUARTA ESTACIÓN
Jesús es sepultado.
V/. Te adoramos. Oh Cristo, y te bendecimos.
R/. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús Nazareno, crucificado, muerto y sepultado, resucitó al tercer día:
Este testimonio de tus apóstoles ha llegado hasta nosotros. Por él te
creemos, te recordamos, te celebramos, te agradecemos la salvación que
otorgas a los pecadores y mortales para que dejemos de serlo. Cada uno de

tus discípulos y todos juntos somos fruto de tu vida sepultada en la muerte.
En ella también el bautismo nos ha sepultado para resucitar contigo a una
vida nueva, como miembros vivos de tu Cuerpo resucitado. ¡Tú eres mi
muerte y mi vida, mi cruz y mi gloria, Señor!

Amante Jesús mío: Quiero ser tu testigo con la fuerza de tu Espíritu, tu
discípulo misionero, para anunciar a todos que nos amaste hasta el extremo
de dar la vida y que nos amemos como Tú nos amas.

PADRE NUESTRO

La iglesia resucita en la pasión de los pobres
Lo atestiguan sobradamente todos los que, sirviendo a los pobres y
compartiendo su pasión, se han encontrado con el rostro de Cristo en ellos,
al revelarles su amor con la propia entrega. En toda la historia de la Iglesia,
el Espíritu del Señor ha suscitado estos testigos fidedignos.
Nos toca hoy a nosotros serlo con el mismo don del Señor resucitado. En
un mundo tan rico y cada día más lleno de pobres, sin cesar tenemos que
compartir con los pobres de Cristo el pan de la tierra y el Pan del cielo, la
vida de Jesús y la vida nuestra, como hijos de su mismo Padre.

Señor nuestro: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección,
¡Ven, Señor Jesús! ¿Tú eres la única riqueza de tu Iglesia pobre! ¡Y tu
Reino, el tesoro escondido en el campo del mundo!